Superar la culpabilidad


Todos nos sentimos en un momento u otro, culpable de alguna cosa en mayor o menor grado. La culpabilidad trasladada a las relaciones de pareja, puede ser más gravosa que en otros casos, pues se acabaría haciendo daño a quien más queremos: nuestra pareja.

Pero muchas veces sentimos que no podemos liberarnos de este sentimiento que puede llegar a atormentar y ser más difícil de sobrellevar, que el propio hecho o negligencia que dio lugar a sentirnos culpables.

Sentirse culpable es normal cuando se trata de una “culpabilidad sana” pues es necesaria para tener conciencia moral, pero hay que saber liberarse del sentimiento de culpa. Para ello, aquí tienes algunos consejos:

– No dudes en hablarlo, a expresar tus temores.
– Aprender a ser modesto. Nuestras culpabilidades a menudo son desproporcionadas.
– Intentar identificar serenamente las razones que nos sumergen en la culpabilidad con el fin de liberarse lo más rápido posible de estos sentimientos negativos.
– Tener conciencia de que todos cometemos errores y podemos sentirnos culpables en algún momento; es de humanos.
– Hay que aceptar el hecho de que no se es responsable de la desgracia de los demás. A decir verdad, no somos responsables más que de nuestros propios actos, pensamientos y palabras. Sin esta toma de conciencia, podemos fácilmente encerrar al otro en un papel de víctima.
– Lo más importante consiste sin duda en poder perdonarse. Aunque pueda parecer fácil pensar que debemos pagar porque lo merecemos, no es la actitud que hay que adoptar, sino que hay vivir de nuevo como un ser libre.

¿Es lo mismo perdonar que olvidar?


El perdón suele ser más significativo para quien perdona que para quien es perdonado. Cuando perdonamos nos quitamos un peso de encima; ya no tenemos que vivir atados a un hecho o un incidente del pasado. El perdón nos sirve a nosotros mismos para ser mejores personas y para dejar marchar aquello que tanto nos ocupaba en la mente y en el corazón.

Podemos perdonar independientemente de que la persona a la que perdonemos cambie su actitud o no. Podemos hacerlo de muchas maneras, pero lo que en realidad importa es perdonar sin guardar resentimiento alguno porque comprendemos que si nuestra pareja nos ha causado daño, quizás sea porque no sabe actuar de manera diferente.

Pero perdonar no significa olvidar. Podemos perdonar para liberarnos de una carga que no nos aporta nada a nuestras vidas; o podemos perdonar y olvidar, pero son dos cosas diferentes.

Así, podemos decidir perdonar de corazón, pero también podemos decidir no olvidar lo ocurrido para evitar que vuelva a ocurrir otra vez. Si alguien nos ofende o nos causa una daño por error, podemos perdonar y olvidar pero siempre que estemos atentos a cómo se comporte esa persona en el futuro.

Si nuestra pareja nos ofende o nos daña, podemos elegir perdonarle porque comprendemos que quizás esté pasando por un mal momento o quizás no tenga las habilidades necesarias para madurar y dejar de ofender o dañar a otros; pero también podemos elegir no olvidar lo sucedido.

Puede que suene egoísta, pero los derechos de los demás terminan cuando comienzan los nuestros y viceversa. Podemos perdonar, pero no tenemos obligación de continuar sometiéndonos a incidentes negativos de por vida.

Escuchar al amor


Siempre hay momentos en que somos muy tímidos para expresar el amor que sentimos, tal vez por temor a avergonzar a la pareja o por avergonzarnos nosotros mismos; dudamos para decir «te quiero» y a veces tratamos de comunicar la idea con otras palabras.

A veces somos muy extraños, la única cosa que queremos decir y la única cosa que debemos decir, es lo que no decimos.

Y aun así, porque el sentimiento es real y la necesidad de decirlo es tan fuerte, usamos otras palabras y signos para decir lo que realmente queremos decir. Y muchas veces el significado nunca se comunica del todo, y la pareja muchas veces se puede sentir ignorada o no se entera del sentimiento de amor que se le profesa.

Algunas veces las palabras explicitas son necesarias, pero con mayor frecuencia, la manera de decir las cosas es aún mas importante.

Un apodo dicho cariñosamente porta mayor afecto y amor que los sentimientos que son expresados de manera poco sincera. Un abrazo o un beso impulsivos dicen te amo, aun cuando las palabras digan algo diferente.

El problema de escuchar el amor es que no siempre entendemos el lenguaje de amor que la otra persona esta usando. Una puede usar las lágrimas o las emociones para decir lo que quiere decir, y su pareja puede no entenderla porque espera que ella hable su lenguaje.

Por ello, tenemos que esforzarnos por realmente escuchar el amor. Oímos las palabras, pero no escuchamos las acciones que acompañan a esas palabras.

Tenemos que escuchar el amor en nuestra pareja y así descubriremos que somos muchísimo mas amados de lo que pensamos.
Siempre expresa y da amor.

La frustración en el amor


Tenemos expectativas sobre todo. Un mal planteamiento de las expectativas sobre la relación de pareja puede llevar al traste lo que bien pudo ser una relación estable.

De hecho, muchas relaciones se acaban antes de incluso vivir una relación emocionalmente madura, lo que constituiría la posibilidad de gozar de la libertad, realización y madurez emocional.

Saber fijar expectativas ayudará notablemente a tener expectativas realistas, vitales para el desarrollo sano de las personas y que acaben con las relaciones.

La mala administración de las mismas conduce al fracaso de las relaciones, y tiene relación directa con la frustración que se vive en ellas; situación que inevitablemente llevará a culpar al amor como el causante de tantos dolores.

Para lograr una relación sana basada en la felicidad de la pareja, lo primero que hay que hacer es construirse uno a sí mismo de forma madura, estructurada y equilibrada.

Muchos dolores en las relaciones podrían evitarse si dejáramos la impulsividad del sentimentalismo romántico y nos tomáramos un momento para pensar. Cosa que ocurre en quienes dicen estar enamorados cuando lo que están es ilusionados, y se dejan llevar por expectativas nada realistas.

Son en definitiva relaciones destinadas al fracaso desde el comienzo.
Y muchos llegan a buscar pareja asumiendo que así serán valorados, respetados o creen que al tener una relación obtendrán estabilidad, seguridad con lo que vivirán felices para siempre.

Al final, aquella relación que comenzó con tanta ilusión ahora acaba en medio de rabias, odios y rencores.
Para evitar las frustraciones, se deben fijar las expectativas emocionales en expectativas racionales que dejen disfrutar de las relaciones con un amor maduro que resiste al tiempo y a los conflictos.

Esperar mucho de una relación como esperar poco, llevarán a rupturas prematuras de relaciones que terminarán por enturbiar el amor que había al principio.

Idealizar el amor


Platón sostenía que el verdadero amor es el amor a la sabiduría, al conocimiento, por lo tanto el amor platónico no es el amor al ideal de una persona sino el amor a conocerla y por saber de ella.

Se refiere al amor inalcanzable, a aquel que por diversas circunstancias no se puede materializar, en el puede haber un elemento sexual que se da de forma mental y no de forma física.

El amar de una manera platónica por lo general se asocia a:

– Cierta frustración que va unida al mismo tiempo a la esperanza de encontrar a la persona amada en la realidad a través de la fantasía y la imaginación.
– Se manifiesta como una necesidad de tener lo ideal sin que sea real.
– También se manifiesta como una frustración de una realidad no consumada.

Los amores idealizados o platónicos se dan sobre todo en personas que son introvertidas, románticas e intelectuales, que en ocasiones se sienten inseguras ante al amor físico y que sin embargo tienen una gran riqueza interior y un mundo de expresión de sus sentimientos a través de la intelectualidad.

Casi todo el mundo pasa por un periodo en el que crea fantasías y se apoya en ellas durante un tiempo, lo cual hasta cierto punto es saludable. Lo peligroso viene cuando la persona se queda estancada en esos mitos o amores platónicos.

A través de este sentimiento avivado por la imaginación, la persona puede llegar a descubrir qué es lo que realmente desea en el amor para luego poder amar de verdad, ya que en la fantasía se resuelven los pensamientos unidos a la emoción del amor, y por lo tanto es un buen camino para el conocimiento de uno mismo en este sentido.

La importancia de los detalles diarios


En la etapa del noviazgo sobran las palabras de amor, las flores y pequeños detalles están presentes en todo momento. Sin embargo a medida que avanza la relación, esos detalles van quedando atrás hasta llegar a desaparecer la ilusión por completo.

Por eso el “alimento” diario de las relaciones de pareja son esas pequeñas grandes cosas que marcan la diferencia, ya que son la expresión más pura del amor que ambos se profesan.

Principalmente deben fortalecer, los detalles que día a día van manteniendo esa relación, sin que el tiempo o el hecho de que estén casados, desacrediten esa convivencia porque el romanticismo debe estar presente entre las parejas.

Toda relación de pareja debe regarse como se hace con una plantita, llenándola cada día con detalles mínimos que te hagan crecer como persona y hacer sentir a la otra que es muy importante en tu vida; no por el hecho de que ya son novios o estén casados va a faltar un «te quiero».

El problema es que muchos matrimonios acaban haciendolo todo muy rutinario que se olvidan de esas pequeñas cosas bien porque piensan que como ya están juntos, no tienen que conquistar al otro y se esfuerzan menos o nada, en ese sentido.

Además, la mujer siempre cae ante el galanteo y la caballerosidad del hombre, incluso en la intimidad cuenta mucho este tipo de comunicación amorosa y respetuosa, ya que algunos sólo se limitan a sentir placer en la relación sexual y se olvidan de su sensibilidad emocional.

En conclusión, podemos aconsejar que no por estar casados o vivir en pareja se deben olvidar de los detalles, porque ellos harán de tu vida sentimental un duradero y gran amor.

Saber decir «no» a una cita


Puede que alguien a quien conozcas aunque sea de vista, se lanza un día y decide invitare a cenar o a tomar café. Pero ella no te interesa para nada, bien porque ya la conoces algo y no te convence su forma de ser, o bien porque desde el principio no te atrajo lo más mínimo y no deseas compartir ni un momento con esa persona a solas.

Entonces se plantea el gran dilema: ¿Cómo le digo que no?

El saber mantener una buena actitud aun cuando la situación no sea cómoda y saber salir adelante, será fundamental. Para ello, sigue estos consejos:

La honestidad ante todo es una buena carta de presentación y si esta persona no es de tu interés, entonces es mejor ser claro desde el principio y dile cosas como que estás agradecido/a con la invitación pero no puedes aceptarla.

Mantente en tu postura. Porque seguro que después de decir que “no”, para no sentirte culpable acabarás diciendo cosas como “Bueno entonces será en otra ocasión” y de hecho cuando llegue esa siguiente invitación también tendrás que volver a decir “no”.

Se firme. La falta de firmeza puede llevarnos a decir “no” pero si nos insisten varias veces terminamos por aceptar cosas que no son siquiera de nuestro interés. En este caso si hoy es “Muchas gracias pero no puedo aceptar tu invitación” es obvio que en unos días o semanas más debería ser “nuevamente muchas gracias, pero no puedo aceptar tu invitación”

Buena actitud. De hecho el ser firme, mantenerse en una posición y saber decir no, en absoluto son sinónimos de mala actitud. Sonreír un poco no hace daño; por el contrario el tema no es acabar con tus amistades, es hacer más y abrir tu círculo pero la idea, es que en el camino cada uno de ellos sepa que eres una persona agradable que sabe decir “no”.

Los miedos de una mujer


Cualquier mujer moderna sufre diversos miedos en la vida, somos personas y es normal tener ciertas inseguridades. Sin embargo, cada una de nosotras es distinta al resto y podemos tener temores ante las dificultades del presente y lo que nos depara el futuro. El miedo en la mujer actual es el de afrontar muchos desafíos personales y profesionales. Revisa la lista de miedos femeninos más comunes y te invitamos a comentar tus propios temores para que te podamos ayudar con algunos consejos. Recuerda, no estás sola.

1. Miedo de perder el empleo, a fracasar laboralmente, a no poder cumplir con los objetivos.
2. Miedo de no ser capaz de mantener a mis hijos, ellos son una prioridad en mi vida.
3. Miedo de salir sola, por temor de ser robada, violada o secuestrada.
4. Miedo por no llegar a tener una relación de pareja normal.
5. Miedo a envejecer, la muerte cada vez está más cerca.
6. Miedo de tener que cuidar de tus padres, ancianos y enfermos que no se pueden valer por ellos mismos.
7. Miedo de hacerme un chequeo médico y descubrir que tengo una enfermedad que me puede matar.
8. Miedo a decepcionar a las personas que más quieres (pareja, familia, amigos)
9. Miedo a no poderme quedar embarazada cuando quiera tener hijos.
10. Miedo de hablar en público, a quedarme en blanco delante de mucha gente.
11. Miedo a dejar un trabajo no me gusta, pero que es mi principal fuente de ingresos.
12. Miedo de arriesgar mi vida viajando en avión en pleno caos aéreo o a tener un accidente de coche.
13. Miedo a que se termine el amor, a que mi matrimonio me deje por otra.
14. Miedo de no poder cumplir con todas mis obligaciones.
15. Miedo de llegar a la vejez siendo una mujer anciana sin dinero.
16. Miedo a no intentar nada emocionante, de tener una vida aburrida, a no estar aprovechando el tiempo.
17. Miedo a quedar inválida y no tener a nadie para cuidarme.
18. Miedo a abrir mi propio negocio.
19. Miedo por pensar que algo horrible le puede ocurrir a mis hijos.
20. Miedo a quedarme sola, no encontrar un novio, ni a nadie con compartir mi vida.

Ahora te toca a ti. Cuéntanos cuáles son tus miedos. ¡Te queremos ayudar!

Sentirse sola y triste


Hay muchos momentos duros en la vida. Quizás demasiados. Sentir la soledad no siempre es agradable, como personas sociales que somos nos gusta estar en compañía de más gente y tener el apoyo incondicional de una persona amada. Sentirse sola y triste es una experiencia difícil que toda mujer ha pasado en algún momento de su vida. La soledad no es simplemente estar sola, este es problema menor porque muchas mujeres prefieren tener momentos de soledad para reflexionar. Lo realmente duro es sentirse vacía aun estando rodeada de mucha gente.

La soledad no refiere necesariamente a la ausencia de personas significativas en nuestra vida, el trasfondo de este sentimiento está relacionado con lo que no hemos hecho nosotras por nuestra vida. Cuando por determinados motivos, nos sentimos solas, porque nadie nos entiende, porque no logramos conseguir lo que esperábamos para nuestra vida, todo parece que no tiene sentido. Justo entonces es cuando aparece un sentimiento de depresión, no merece la pena vivir si esta vida no la podemos compartir con nadie.

Cuando nos sentimos mal, tenemos un bajón de moral, parece que la soledad es nuestra gran enemiga, pero lo cierto es que estamos pasando por una etapa en la que puedes aprovechar para salir muy fortalecida, crecer y madurar. Es posible que ahora estas palabras no las puedas entender, pero cuando superes el bache te darás cuenta realmente por lo que has pasado y lo mucho que te ha servido para enfocar tu vida hacia donde realmente quieres llegar. De momento, la realidad en tu interior es el dolor, es normal.

Muchas mujeres invierten todas sus energías en varios aspectos para satisfacerse, algunas veces acudir a un terapeuta o psicólogo es la mejor forma para volver a ser felices, pero no suele ser lo más habitual. La soledad es algo insostenible de soportar, lo mejor que puedes hacer es pedir ayuda a tus seres queridos, es cuando tenemos que ser realistas y darnos cuenta que necesitamos un confidente que nos pueda brindar orientación adecuada y que pueda alentarnos.

Si te sientes sola y triste, cuéntanos tu experiencia en los comentarios. ¡Te queremos ayudar!

Cómo superar la timidez


Hay algo que nos impide ser naturales o acercarnos a esa persona que tanto nos gusta. El problema se conoce como timidez. Cuando la vergüenza , los nervios o la inseguridad se apodera de ti, sientes una fuerte angustia y ansiedad por no poder expresarte tal como te gustaría. La timidez es un rasgo distintivo de tu carácter, no tiene porque ser malo, pero puedes superarla progresivamente. Toma nota de nuestros consejos:

Lo primero de quedes hacer es empezar por reconocer las situaciones que te provocan extrema vergüenza. Debes ser capaz de identificar tus puntos débiles para luego poderlos afrontar. Si consigues descubrir el motivo de tu timidez, más fácil te será superarla. Luego tienes que cultivar tu autoestima, para ello debes conocerte, aceptándote y queriéndote tal como eres. Si logras confiar en ti mismo, conseguirás también vencer el miedo al rechazo y tener más seguridad para desenvolverte en la sociedad.

Analiza tus reacciones y sentimientos, si puedes discriminar la causa de tus inhibiciones o pudores, tendrás oportunidad de superar esos momentos de angustia. Recuerda que la única forma de enfrentar tus miedos es plantarles casa. Tampoco es cuestión de exponerte en exceso, si sabes que determinadas situaciones te van a resultar embarazosas, lo mejor es evitarlas en principio, para enfrentarlas de manera progresiva y paulatina. No pretendas ser el ser más sociable del mundo de inmediato, poco a poco.

No temas al fracaso, las personas nos equivocamos, es lo más normal del mundo. Esos errores son precisamente los que nos enseñan a ser mejores en la vida. Si te pasas el día pendiente de evitar los errores, jamás podrás disfrutar del placer de resolver tus propios problemas. Por ello, permítete alguna equivocación, sin pensar en lo que van a decir los demás, no pretendas caer bien a todo el mundo, de la aceptación al rechazo hay sólo un paso y todo depende de tu conducta o voluntad para hacer las cosas como se tienen que hacer.

Para comunicarte con los demás, lo primero que debes hacer es relájate. Recuerda que todo está en tu mente. En una fiesta, habla primero con personas con las que te sientas cómodo, para luego empezar a probarte con otras menos cercanas o desconocidas. Aporta progresivamente tus opiniones y seguro que consigues hacer amistades. ¡Tú puedes!