Las caricias de ausencia


Las caricias no solo son físicas sino también, emocionales. De hecho, son fundamentales a la hora de dar reconocimiento y estima a los demás. Las caricias se producen en todos los ámbitos: trabajo, amigos, pareja, familia… Sin embargo, las caricias pueden ser positivas, cuando se producen en el contexto adecuado para reforzar a la otra persona. Por ejemplo, cuando te encuentras de una forma causal con alguien a quien aprecias puedes decirle: “Me alegro de haberte visto”.

Las caricias también pueden ser negativas, por ejemplo, una humillación. Pero las caricias más dolorosas de soportar son las de ausencia, en ese caso, la persona siente el vacío del otro, la indiferencia. Si los bebés al nacer fuesen tratados con indiferencia, entonces, tendrían claras dificultades para sobrevivir. Los seres humanos necesitamos el afecto igual que la comida para vivir.

Las caricias de ausencia, son más habituales de lo que pensamos y se producen en contextos muy cotidianos. Por ejemplo, es una caricia de ausencia no responder a un mensaje de texto o a un correo electrónico. Del mismo modo, es una caricia de ausencia no dar una respuesta adecuada a un mensaje recibido. Por ejemplo, alguien te dice de quedar a tomar un café y le dices que ahora no puedes pero que en otro momento, harás un hueco. Si no te molestas en avisar a esa persona para tomar algo, entonces, estás llevando a cabo otra caricia de ausencia que lo único que le hace sentir a la otra persona es indiferencia.

Son gestos cotidianos que todos, en mayor o menor medida, hemos podido llevar a cabo en algún momento de nuestra vida. Y que de una forma lógica, nos acercan o nos alejan de las personas. En general, cuando estás esperando algo de otra persona, y la otra persona es consciente de ello, pero no te informa de nada ni te tiene en cuenta, te está haciendo el vacío a través de caricias de ausencia que son las más duras de soportar. Porque el mensaje que transmiten es precisamente ese: «Me eres totalmente indiferente».

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