Evita el daño innecesario


En los actos humanos, somos más conscientes del daño y del dolor cuando nos ponemos en posición de víctimas. Es decir, cuando sufrimos en primera persona una situación de malestar que consideramos injusta. Sencillamente, porque creemos que en caso de haber estado en el lugar de la otra persona no habríamos actuado del mismo modo. Las mayores decepciones de la vida se producen en el ámbito laboral, en el amor y en la amistad.

Sin embargo, todos en mayor o menos medida, en algún momento de nuestra vida hemos decepcionado a alguien. Es humano, los errores forman parte de nuestra naturaleza. Pero la madurez debe servirnos de puente para tomar más conciencia de que las personas tienen sentimientos. Por ello, siempre se debe evitar cualquier tipo de comportamiento que a largo plazo pueda ser dañino para la autoestima de la otra persona.

No es lícito, bajo ningún concepto, jugar con los sentimientos de nadie. Por muy halagado que eso te haga sentir, la realidad es que es importante ser claro desde un principio, y dejar que la otra persona siga su camino. Mientras siga con la esperanza, entonces, nunca podrá avanzar.

Pero también hay que ser muy honesto en el plano de la amistad. Para ello, evita ser incoherente entre sentimiento y acción. Es decir, no hagas promesas que no tienes pensado cumplir, ni muestres un interés por alguien cuando en realidad, no tienes ganas de que esa amistad vaya a más y se consolide a lo largo del tiempo. Las expectativas no cumplidas causan frustración y dolor. Un dolor que duele en lo más profundo, porque a veces, puede que te hayas sentido utilizado o manipulado por el otro como si fueses una marioneta de trapo o un juguete. Un juguete que llegado el momento se rompe ante la decepción.

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