Aprender a perder

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Existe un sentimiento bastante universal en el ser humano. El de sentir dolor, sufrimiento, decepción y angustia ante un fracaso. Sin embargo, esa palabra que pesa como una losa sobre la mente humana, muchas veces no es en sí misma un fracaso. Es decir, hay que diferenciar un hecho que depende únicamente de tu voluntad de aquello que no puedes controlar al cien por cien.

Algo en lo que interfieren otras muchas personas. Así sucede, por ejemplo, en el amor que para ser correspondido implica un trabajo de dos. En ese caso, nadie manda en el otro, es imposible acceder a su conciencia… Por ello, nadie que intenta amar fracasa más allá de que el resultado no sea el esperado.

En todo caso, hay que aprender a perder. Es decir, asumir que la otra persona decida libremente tomar su camino por otro lado. Esa renuncia que ahora te parece angustiosa, puede que en algún momento, te traiga muchas cosas buenas a tu destino. Y es que, allí donde se cierra una puerta se abre una ventana de par en par cuando menos piensas. En primer lugar, porque puede que la soledad te lleve a entender que eres capaz de ser feliz sin la dependencia de nadie más. Y que cuanto mejor estés contigo mismo, más fácil te será entonces encontrar a alguien especial.

Existe una película muy recomendable para reflexionar sobre el papel de perdedor en el amor: “Vacaciones” de Cameron Diaz y Kate Winslet. Las protagonistas de esta historia muestran que cuando se actúa con dignidad y autoestima, el amor llama a la puerta. Pero además, sólo cuando estás preparado para perder, entonces, también estás capacitado para ganar de verdad. Y disfrutar del sabor de esa victoria que sabe a amor, a felicidad, ilusión y alegría. Sin duda, merece la pena disfrutar de esta sensación de victoria en todos los ámbitos de la vida, también en el trabajo y en la amistad.

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