Cómo comprender la mente masculina


Hombres y mujeres parecen hablar en más de una ocasión idiomas diferentes. Existen discusiones que se producen a partir de tonterías en las que ha saltado la chispa por falta de empatía. Uno de los errores de las mujeres es valorar el comportamiento masculino a partir de su propia forma de pensar y de actuar, estableciendo una proyección. Sin embargo, ellos y ellas son diferentes. Algo muy positivo ya que gracias a tales diferencias, el amor es un complemento real en la vida de una persona.

Los hombres prefieren los hechos

Los hombres, por lo general, pronuncian menos palabras a lo largo del día. Ellos dan más peso al valor de las acciones y actúan más. Si un hombre te quiere de verdad puede que no te lo diga constantemente pero en cambio, si observas sus hechos seguro que te das cuenta de que te valora por cómo te trata.

Libros recomendados

Existen dos libros que desde diferente punto de vista, pueden darte una visión particular sobre las diferencias de género. El primer libro es: «¿Por qué los hombres mienten y las mujeres lloran?» (Editorial Amat). El libro está escrito por Allan Pease y Barbara Pease.

Para comprender mejor el modo de actuar de los hombres puede servirte de guía el libro: “Sí, cariño, ahora voy…” El gran error de este libro de literatura, en más de una ocasión, es caer en tópicos que no identifican la realidad del comportamiento masculino sino los estereotipos.

El riesgo de caer en estereotipos

El riesgo de caer en estereotipos es caer en la generalidad para hablar de una persona en concreto. Para comprender el comportamiento masculino a nivel concreto, su pareja tiene que ser observadora porque la experiencia es la que de verdad, funda el conocimiento. Cuando existe un conocimiento profundo de alguien su actitud puede llegar a ser muy previsible.

Por otra parte, mejora tu comunicación. Eso no significa hacer un montón de preguntas porque esa actitud puede cerrar al hombre. Por ejemplo, cuando un chico te cuente un problema no quieras solucionar su conflicto. Escucha, solamente, aquello que le pasa. Si te pide tu ayuda, entonces, sí puedes echarle una mano.

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