Todas las parejas discuten


La mayoría de los humanos tenemos la mala costumbre de compararnos con los demás. Y es un error. Sobre todo en lo que se refiere al amor. Muchos hombres y, sobre todo, muchas mujeres tienden a establecer similitudes entre su relación y la de su hermana, su prima o su amiga. Y, curiosamente, siempre llegan a una conclusión común: ella es más feliz.

Es por eso que se dice que las comparaciones son odiosas, máxime cuando hablamos de relaciones interpersonales, porque nos hacen pensar que el/la de al lado discute menos con su pareja, tiene menos diferencias y soluciona los problemas mejor. Y es más, las mencionadas comparaciones pueden llegar a un punto tan obsesivo que nuestra imaginación alcanza pensamientos tales como “ellos no discuten nunca”. Imposible.

Todas las parejas chocan. Y cuando digo todas quiero decir todas. Incluso aquellas que parecen llevarse de maravilla, que tienen los mismos gustos y la misma forma de pensar… ellos también discuten. Y la verdad es que es un consuelo. Porque en numerosas ocasiones, cuando nos enfadamos con la persona con la que compartimos nuestra vida, pensamos que nuestros conflictos no tienen solución o que estaríamos mejor separados o conviviendo con otra persona. Pero esa no siempre es la salida.

Muchas veces los problemas de pareja no son tan grandes ni tan importantes como pensamos. Basta con preguntar a nuestro entorno y nos daremos cuenta de que otros muchos tendrán las mismas discusiones o parecidas y que no siempre somos los/las que más aguantamos. Por todo ello, después de discutir con nuestro compañero sentimental, démonos un tiempo de reflexión, en el que no vale pensar que se nos acabaron los recursos y que es mejor tirar la toalla, porque muchas veces nos arrepentiremos de haber cortado una relación para volver a encontrarnos con los mismos problemas en la siguiente.

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