Las dificultades de la convivencia en pareja


La convivencia en pareja es compleja, en primer lugar, por la intensidad de esta convivencia. Mientras que en la etapa del noviazgo, la pareja se ve durante aquellos planes que programa con ilusión, al convivir en el mismo piso, la convivencia es mucho más cercana y, por tanto, también se tiene una visión mucho más realista de la otra persona. Es aconsejable no tomar la decisión de convivir en común hasta que no haya pasado la etapa de enamoramiento. No sería saludable hacerlo porque al tener una imagen idealizada del otro, se corre el riesgo de sentar las bases de ese amor sobre un terreno poco sólido.

Aprender a resolver conflictos

Durante la convivencia en pareja, los conflictos pueden ser más frecuentes pero además, el tipo de conflictos también es distinto al del noviazgo. Al vivir juntos, puede convertirse en foco de discusión el hecho de que uno de los dos sea muy desordenado. Por ello, conviene asimilar tantos cambios en positivo y hacer un esfuerzo común por aprender a resolver los conflictos de un modo positivo.

Adaptación mutua

Cada uno tiene su historia familiar y ha adquirido unos hábitos concretos a través de la educación recibida y de las costumbres familiares. Al iniciar la etapa de la convivencia llega el momento de inicir un proceso de adaptación por ambas partes que, en muchos casos, puede resultar complejo y costoso. Llega el momento de entender que las cosas no son mejores porque uno mismo haya aprendido a hacerlas así. En muchas ocasiones, se trata de una simple costumbre.

Espacios comunes y espacios diferenciados

Al convivir en pareja, es muy importante que cada uno también pueda tener espacios propios. De lo contrario, se produce el cansancio emocional. Es saludable poder vincular momentos y pequeñas rutinas con la tranquilidad de estar a solas.

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