Jóvenes treintañeros que viven con sus padres


Muchas veces, se habla con demasiada facilidad de cuánto tardan algunos jóvenes en independizarse de papá y mamá. Pero a esta situación, se añade un entorno poco propicio para que los más jóvenes tengan la valentía de asumir riesgos y también, la independencia económica necesaria. Por ejemplo, existe un empleo precario en donde además, los jóvenes están siendo los más afectados por la crisis. Sin un empleo estable es difícil que alguien pueda plantearse comprarse una vivienda ya que además, resulta imposible conseguir un préstamo de esta forma.

Por otra parte, en la actualidad, los jóvenes también acaban más tarde su formación, por ello, se retrasa el momento de la independencia. Sin embargo, muchas personas se comportan como si sólo fuese posible dar el paso de dejar el nido familiar, al comprar una vivienda propia, cuando en realidad, es posible optar por otras opciones también buenas. Por ejemplo, es posible compartir un piso de alquiler con otras personas durante un tiempo. Se trata de una experiencia positiva que te permite aprender a conocerte mucho mejor puesto que no es fácil empezar a convivir con personas a las que no conoces.

Para que la convivencia entre padres e hijos fluya bien cuando los niños ya han dejado de serlo, es decir, cuando los hijos tienen ya más de 25 años, es indispensable el esfuerzo mutuo por ambas partes. Los padres deben entender que sus hijos ya han crecido y tienen su autonomía. Pero también, estos últimos tienen que asumir que están en casa de sus padres y hay unas normas que cumplir por mucho que ya no sean niños. Por ejemplo, la libertad a la hora de llevar gente a casa para organizar planes no es la misma que en caso de vivir solo.

Además, la realización de las tareas de la casa es un trabajo de equipo en donde los hijos tienen que colaborar. Muchas madres sobreprotegen a sus hijos en este ámbito, y eso no es bueno.

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