Amar con más madurez

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El amor implica un proceso de aprendizaje. Por ejemplo, es normal que cuando una persona eche la vista al pasado y mire hacia su adolescencia, se dé cuenta de que no se relaciona del mismo modo en pareja antes que ahora. Sin duda, los años suman experiencia, conocimiento de uno mismo, habilidades sociales, generosidad y madurez. Esa madurez también se nota en el plano de la amistad, en la familia, en el trabajo y en la relación que cada persona tiene consigo misma. Por suerte, el paso de los años se nota en la piel, sin embargo, este paso también se refleja en el modo de ser, en el carácter y en el ánimo.

Amar de una forma madura implica tener la capacidad de entender y comprender las necesidades y los intereses ajenos. En la adolescencia, es más fácil caer en actitudes infantiles y caprichosas. Sin embargo, la madurez no se adquiere simplemente, porque hayan pasado los meses y los años, sino por la actitud del sujeto ante la propia vida. Cuando alguien tiene la capacidad de reflexionar sobre sus vivencias, puede extraer conclusiones y se esfuerza por ir más allá de lo evidente, en ese caso, se ama de una forma más madura, plena y respondable.

Del mismo modo, amar con madurez implica un respeto hacia uno mismo. De este modo, la persona ya es consciente de cuándo cortar una relación a tiempo porque dicha relación puede no ser conveniente. Así sucede cuando alguien se ve inmerso en una relación tóxica o destructiva.

La madurez también aporta libertad al amor. Una libertad entendida en su sentido pleno. Y es que, estar en pareja no implica renunciar a los sueños y a los deseos vitales más profundos.

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