La libertad del divorcio


El problema del divorcio está en el centro de una batalla jurídica que se realiza con el fin de terminar una relación de manera oficial, con unos papeles firmados. Una cosa es cierta: con la posibilidad de un divorcio una nueva moral social comenzó a tomar forma hace ya algún tiempo. Lo mejor de esto es que, por fin, la mujer tiene el mismo derecho a iniciar este triste proceso.

Gracias a esta igualdad, el matrimonio cambió su significado: de ser un algo eterno y obligado se transformó en una asociación igualitaria con el propósito de alcanzar la felicidad y la satisfacción mutua. En otras palabras, la gente dejó de contraer matrimonio solo por ser una necesidad social. Hoy en día un matrimonio se realiza con una persona a la que se quiere y no es un simple contrato de obligatorio cumplimiento.

El divorcio promueve la idea de que la felicidad es el propósito del matrimonio y que si las dificultades y los obstáculos aparecen, entonces la única solución es la separación de ambos caminos. Por lo tanto, a partir de la posibilidad de un divorcio, la imagen del matrimonio ha cambiado convirtiéndose en una decisión racional que implica pasión y amor. El 20 de septiembre 1792 el divorcio fue presentado oficialmente en Francia. El enemigo del divorcio era la Iglesia que mantenía durante siglos que el matrimonio es un vínculo inquebrantable.

Los matrimonios fracasados se vieron obligados a continuar. El reconocimiento de una separación rara vez era posible y sólo para las parejas con muchísimo dinero. También estaba el reconocimiento de una separación cuando el marido salía de casa y nunca regresaba. Sin embargo, si eso ocurría, un nuevo matrimonio estaba prohibido.

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