El amor sí tiene palabras


¿Qué ocurre cuando te acabas de enamorar de una persona que no habla el mismo idioma que tú? En un principio te puedes dejar llevar por la intuición y recurrir al uso de señales físicas… A veces este recurso funciona de maravilla, sin embargo ¿no te estarás perdiendo el fondo de bonitas conversaciones?

Muchos te dirán que no te preocupes que el idioma del amor es universal pero tú quieres ir más allá y dejarte fascinar en profundidad por la cultura y las costumbres de la persona que ahora se ha instalado en tu corazón ¡Claro que sí!

Todos poseemos un programa genético predeterminado y tu cerebro también está neurológicamente preparado para aprender. Cuentas con sobrada capacidad para asimilar los 52 sonidos de los lenguajes universales, su entonación y sintaxis.

Gracias a la llegada de este “nuevo amor” a tu vida, te convertirás en una persona bilingüe. Y es que los individuos bilingües tienen “más materia gris” en la parte inferior de la corteza cerebral parietal. Te informamos de que la “materia gris” del cerebro está compuesta principalmente por “cabezales” de nervios, que son responsables del procesamiento de información.

Si ves complicado aprender su idioma materno, tienes otra solución: Poner en funcionamiento todos los conocimientos de la lengua franca que hoy impera, esto es, el inglés. De hecho, existe una mayor información recientemente publicada (física y digitalmente) en este idioma que en cualquier otro.

No tengas miedo en lanzarte a la aventura de salir con alguien de otra cultura y que precisamente maneja otro idioma. Lo importante son las personas, no necesariamente las palabras empleadas, aunque hay que reconocer que éstas son una fuente de comunicación potente.

Quédate con esta frase, que sirva de reflexión: “Quien no conoce las lenguas extranjeras, nada sabe de la suya propia”.

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