Primer encuentro con los padres de tu pareja


Para la mayoría de las parejas, el primer encuentro con los padres del otro es un paso muy serio en una relación. Este paso se suele dar cuando ya se ha hablado el mantener una duradera y estable relación que, es posible, dure toda la vida. No es de extrañar que, la primera reunión con los padres sea una situación verdaderamente estresante para muchas personas.

Antiguamente, la aceptación de la pareja por parte de los padres era el objetivo principal para que la relación pudiera seguir adelante. Por suerte, en esta era moderna, el futuro de tu relación, probablemente no dependerá de la aprobación de tus padres. Sin embargo, no podemos qué negar que el que tu pareja le guste a tus padres hace que la relación sea mucho más fácil.
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Padres a los 40


Entre tus objetivos en la vida, está vivir la experiencia de la maternidad con tu pareja, pero sabes que tal decisión implica muchas responsabilidades y todavía la cara amable de la juventud te sonríe para seguir mimándote y potenciando facetas que con un bebé no serías capaz de conseguir.

Muchas parejas deciden ser padres a los 40 y “nunca es tarde si la dicha es buena” y más ahora con la cantidad de adelantos médicos que existen en caso de que surjan inconvenientes (que no siempre tiene que haberlos).

Aunque muchas personas te desanimen y digan que estás mayor y cansado, te presentamos las ventajas que son infinitas:

Asumes tu decisión con más ánimo y cariño ya que se trata de un bebé deseado y lo más importante: has podido cubrir anteriormente otros aspectos que cuando eras más joven estaban “en el aire”.

Llenas un vacío grande en el seno de la pareja. Los dos necesitáis ir pasando por etapas de madurez y esta experiencia os pondrá a prueba en gran cantidad de cosas.

Aportarás al niño una atmósfera más segura y tranquila ya que la sabiduría que has desarrollado a lo largo de los años, siempre estará presente, a punto para ser transmitida.

Te adaptarás mejor a la rutina del recién nacido. Los niños demandan una firmeza de horarios y mucha organización, cuestiones que con tu grado de madurez llevarás a cabo sin dificultades.

– El niño desarrollará mayor sentido de identidad, ya que tiene como referente a unos padres bien consolidados.

Algunos expertos insisten en la idea de que existen más riesgos si eres mamá o papá a los 40 años y también hay que tener presente dichos obstáculos. Sin embargo, la sociedad actual cuenta con numerosos casos que indican todo lo contrario y cuyos miembros han topado con la felicidad.

Convertirse en padres de acogida


La acogida consiste en cuidar temporalmente a un niño y facilitar que pueda volver con su familia biológica.
Está regularizada por las Administraciones Públicas, que tratan que todo menor disponga de aquellos elementos adecuados y necesarios para su correcto desarrollo, crecimiento y educación.

El sistema de acogida se realiza mediante una solicitud previa a la Comunidad Autónoma correspondiente, que se encarga de evaluar y seleccionar los mejores candidatos en función de unos requisitos previos en los que prevalece el bienestar de los pequeños.

No hay un tiempo de acogida predeterminado. Cada menor presenta unas circunstancias diferentes y, por ello, la acogida puede durar días, meses o años; En todo caso existe la posibilidad de acoger a niños únicamente durante la época estival.

El perfil de las familias de acogida es muy variado. En la mayor parte de los casos coincide que los padres receptores tienen hijos de edades similares al acogido. Pero en muchos otros, se trata de personas solteras, matrimonios sin descendencia, parejas jubiladas o personas viudas.

Esto no impide que se tengan que cumplir unos requisitos básicos para asegurar el bienestar del niño. Son los siguientes:

No sufrir enfermedades físicas ni psíquicas graves que dificulten el cuidado del menor.
– Se requiere tener una cierta capacidad de adaptación.
– Disponer de tiempo de dedicación y poseer estabilidad emocional.
– Disponer de los medios económicos suficientes para garantizar las necesidades básicas y fundamentales del niño.
– Tener una vivienda en condiciones óptimas.
– Aportar un entorno familiar en el que se pueda asegurar una correcta educación.
Motivación e implicación de toda la familia ante la acogida.
Respetar la cultura y procedencia del pequeño y fomentar sus relaciones familiares biológicas.
Colaboración y aceptación expresa de los consejos y recomendaciones de las entidades colaboradoras del proyecto.

Conocer a los padres de tu pareja


¿Estás aterrado por la primera visita a los padres de tu pareja? No te preocupes, lo mejor es que te relajes sin olvidarte de guardar las formas. Lo primero que debes hacer es enterarte de cómo son los padres de tu pareja; si son demasiado clásicos, si les gusta algún deporte en concreto, si están todo el día de viaje… Lo mejor es que averigües cosas sobre ellos que te puedan ayudar a mantener diferentes conversaciones.

Lo siguiente que debes hacer es saber donde va a tener el lugar el tan temido primer encuentro. Comida, merienda, cena, acudir a algún espectáculo, etc. Conocer estos datos te facilitará algo también muy importante a lo que le debes dar la importancia necesaria: el vestuario. Sea cual sea el lugar elegido intenta ir informal pero arreglado. Otra cosa es si es una cena de gala o un espectáculo al que sólo se puede acudir con invitación exclusiva; entonces sí que deberás ponerte tus mejores galas.

En el momento de tu presentación intenta ser correcto, sin ser demasiado pedante, y elegante. No debes mostrarte ni sumiso ni rebelde, debes ser tu mismo y mostrarte tal y como eres siempre siendo educado. Si el primer encuentro es en su casa no debes olvidarte de llevar una buena botella de vino y unos bombones (pregunta a tu pareja sus preferencias). Un presente simbólico les permitirá ver que eres una persona detallista.

Si están el padre y la madre debes dar un apretón de manos a los dos. Recuerda que son ellos los que deben elegir como te quieren saludar. Si, por ejemplo, la madre decide darte un beso, no seas demasiado cariñoso y no te aprietes demasiado contra sus mejillas. Tranquilo, verás como todo sale bien.