Querer o amar


Para muchos querer es sinónimo es amar, pero si profundizamos en su significado nos daremos cuenta de que el segundo tiene algunos matices de los que carece el primero. Aunque ambos tienen las connotación de desear, en el caso de querer hace referencia a la ambición con la que buscamos o pedimos aluna cosa, mientras que en el caso de amar ese deseo se traduce en pasión.

También los dos verbos llevan implícito el significado de tener cariño pero todos sabemos que queremos a cada miembro de nuestra familia, pero amamos a nuestra pareja. Estos matices son los que nos ayudan a descubrir si estamos realmente enamorados de una persona o si solamente sentimos afecto por ella.

Es cierto que en la mayoría de las ocasiones sabremos diferenciarlo sin darle demasiadas vueltas a la cabeza: todos conocemos ese cosquilleo estomacal, ese tartamudeo incontrolado, las risas nerviosas y otros actos involuntarios que sólo nos ocurren cuando estamos perdidamente enamorados de alguien. Pero hay ciertas personas que en determinados momentos de su vida encuentran complicado establecer la diferencia entre querer y amar.

Una de las situaciones en que el dilema es más evidente es cuando existe una buena relación de amistad entre dos personas. Al principio todos tenemos claro que somos amigos, pero en el momento en que comenzamos a compartir más hobbies, opiniones, cenas o viajes pueden empezar a aparecer las dudas. Y es que, en muchas ocasiones es así como surgen las parejas.

Pero, ¿cómo saber si debemos cruzar la línea que marca el final de una amistad y el comienzo de una relación? La respuesta sólo la saben las personas implicadas, pero si el sentimiento cambia, y ya no sientes lo mismo hacia ese hombre o mujer que hacia tu madre o un hermano, está claro que estás dejando de querer para empezar a amar.

Lo que siempre debemos tener presente es que los sentimientos pueden confundirse y que no siempre es esta la manera de encontrar el amor, por lo que, cuando se trata de un amigo, debemos tener claro lo que ocurre en nuestro interior antes de dar un paso del que nos podamos arrepentir.

No sabes si tu pareja te quiere


Tu pareja puede demostrare de vez en cuando lo mucho que te quiere enviándote a casa una ramo de flores pero, ¿todavía tienes dudas sobre si te quiere o no? En esta situación, debes estar atent@ a las señales de su lenguaje corporal y su comunicación en general para saber si realmente quiere pasar el resto de sus días contigo.

– Ver la televisión
Si es deportista y le encanta algún deporte en concreto o es seguidor de una serie en particular puede que no te haga ni caso. Eso no es buena señal. Aunque esté viendo en la tele algo que le apasione, debería poner sus brazos a tu alrededor o agarrarte la mano. Esto te permitirá saber que está a tu lado y que eres muy importante para esa persona incluso en los momentos de mínima atención.

– Salir con las amistades
Salgáis juntos o por separado no debe ser un drama para la pareja. Si estáis juntos aunque cada uno con vuestros conocidos, un roce de manos o preguntar qué quieres tomar, siempre es de agradecer. Si salís por separado, nunca sobra una llamada de teléfono para saber que tal lo estáis pasando.

– Llegar a casa
Después de trabajar, la vuelta a casa no debe ser un suplicio para ninguno de los dos. Ambos, debéis compartir las tareas de la casa. Si esa persona pasa del tema y te deja toda la carga a ti, es que algo no funciona bien. Alguien que te quiere no tiene por qué infravalorar tu trabajo y además darte más.

Expresar afecto físico

crepusculo
La comunicación sincera y clara alimenta el bienestar y la buena calidad de la relación. Cuanto antes, ambos os debéis comunicar con tranquilidad los sentimientos y pensamientos, sin acusaciones con respecto al otro.

Así no habrá motivo de discusión; un diálogo franco donde expreséis cómo os sentís, logrará seguir con una pareja saludable. La pareja que no soporte este nivel de charlas sin agresión no tendrá un buen futuro.
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Cómo encontrar la pareja ideal


La elección de la pareja será vinculante para que esa relación tenga éxito. La atracción es importante pero también tiene que haber afinidades de carácter. El peligro de acabar con alguien demasiado opuesto, es que todo lo atractivo que nos pueda parecer al principio, termine por separarnos.

Para poder estar en pareja primero hay que aprender a estar solo. La soledad nos obligará a autoabastecernos y a organizarnos sin contar con nadie para sobrevivir. Así evitaremos buscar a alguien para no estar solos y apreciaremos mucho más el vivir en compañía para crecer juntos y compartir la vida.

A la hora de elegir pareja influirán varios factores, como la experiencia de nuestra infancia con nuestros padres, los prejuicios, la cultura, etc.
La mayoría persigue inútilmente a un ideal, porque las cualidades que muchos buscan no se pueden encontrar en una sola persona.

La única forma de encontrar una pareja estable es renunciando a la pareja ideal. Si lo logramos, podremos ver que casi siempre estaba más cerca de lo que creíamos, sólo que no la veíamos porque por alguna razón teníamos el umbral de percepción demasiado alto.

La idea de pareja se va formando desde muy temprana edad e inconscientemente buscamos a alguien como la madre que teníamos o el ideal de madre que queríamos ó al padre que teníamos o al ideal de padre que hubiéramos querido tener.

Por eso cuando elegimos pareja, inconscientemente nos inspiramos en esos modelos porque han sido nuestras primeras parejas ideales a quienes tuvimos que renunciar para lograr salir del triángulo amoroso familiar.

Es importante señalar que nunca hay que descartar a una pareja sin antes tener la oportunidad de conocerla.

Superar la culpabilidad


Todos nos sentimos en un momento u otro, culpable de alguna cosa en mayor o menor grado. La culpabilidad trasladada a las relaciones de pareja, puede ser más gravosa que en otros casos, pues se acabaría haciendo daño a quien más queremos: nuestra pareja.

Pero muchas veces sentimos que no podemos liberarnos de este sentimiento que puede llegar a atormentar y ser más difícil de sobrellevar, que el propio hecho o negligencia que dio lugar a sentirnos culpables.

Sentirse culpable es normal cuando se trata de una “culpabilidad sana” pues es necesaria para tener conciencia moral, pero hay que saber liberarse del sentimiento de culpa. Para ello, aquí tienes algunos consejos:

– No dudes en hablarlo, a expresar tus temores.
– Aprender a ser modesto. Nuestras culpabilidades a menudo son desproporcionadas.
– Intentar identificar serenamente las razones que nos sumergen en la culpabilidad con el fin de liberarse lo más rápido posible de estos sentimientos negativos.
– Tener conciencia de que todos cometemos errores y podemos sentirnos culpables en algún momento; es de humanos.
– Hay que aceptar el hecho de que no se es responsable de la desgracia de los demás. A decir verdad, no somos responsables más que de nuestros propios actos, pensamientos y palabras. Sin esta toma de conciencia, podemos fácilmente encerrar al otro en un papel de víctima.
– Lo más importante consiste sin duda en poder perdonarse. Aunque pueda parecer fácil pensar que debemos pagar porque lo merecemos, no es la actitud que hay que adoptar, sino que hay vivir de nuevo como un ser libre.

¿Es lo mismo perdonar que olvidar?


El perdón suele ser más significativo para quien perdona que para quien es perdonado. Cuando perdonamos nos quitamos un peso de encima; ya no tenemos que vivir atados a un hecho o un incidente del pasado. El perdón nos sirve a nosotros mismos para ser mejores personas y para dejar marchar aquello que tanto nos ocupaba en la mente y en el corazón.

Podemos perdonar independientemente de que la persona a la que perdonemos cambie su actitud o no. Podemos hacerlo de muchas maneras, pero lo que en realidad importa es perdonar sin guardar resentimiento alguno porque comprendemos que si nuestra pareja nos ha causado daño, quizás sea porque no sabe actuar de manera diferente.

Pero perdonar no significa olvidar. Podemos perdonar para liberarnos de una carga que no nos aporta nada a nuestras vidas; o podemos perdonar y olvidar, pero son dos cosas diferentes.

Así, podemos decidir perdonar de corazón, pero también podemos decidir no olvidar lo ocurrido para evitar que vuelva a ocurrir otra vez. Si alguien nos ofende o nos causa una daño por error, podemos perdonar y olvidar pero siempre que estemos atentos a cómo se comporte esa persona en el futuro.

Si nuestra pareja nos ofende o nos daña, podemos elegir perdonarle porque comprendemos que quizás esté pasando por un mal momento o quizás no tenga las habilidades necesarias para madurar y dejar de ofender o dañar a otros; pero también podemos elegir no olvidar lo sucedido.

Puede que suene egoísta, pero los derechos de los demás terminan cuando comienzan los nuestros y viceversa. Podemos perdonar, pero no tenemos obligación de continuar sometiéndonos a incidentes negativos de por vida.

Escuchar al amor


Siempre hay momentos en que somos muy tímidos para expresar el amor que sentimos, tal vez por temor a avergonzar a la pareja o por avergonzarnos nosotros mismos; dudamos para decir “te quiero” y a veces tratamos de comunicar la idea con otras palabras.

A veces somos muy extraños, la única cosa que queremos decir y la única cosa que debemos decir, es lo que no decimos.

Y aun así, porque el sentimiento es real y la necesidad de decirlo es tan fuerte, usamos otras palabras y signos para decir lo que realmente queremos decir. Y muchas veces el significado nunca se comunica del todo, y la pareja muchas veces se puede sentir ignorada o no se entera del sentimiento de amor que se le profesa.

Algunas veces las palabras explicitas son necesarias, pero con mayor frecuencia, la manera de decir las cosas es aún mas importante.

Un apodo dicho cariñosamente porta mayor afecto y amor que los sentimientos que son expresados de manera poco sincera. Un abrazo o un beso impulsivos dicen te amo, aun cuando las palabras digan algo diferente.

El problema de escuchar el amor es que no siempre entendemos el lenguaje de amor que la otra persona esta usando. Una puede usar las lágrimas o las emociones para decir lo que quiere decir, y su pareja puede no entenderla porque espera que ella hable su lenguaje.

Por ello, tenemos que esforzarnos por realmente escuchar el amor. Oímos las palabras, pero no escuchamos las acciones que acompañan a esas palabras.

Tenemos que escuchar el amor en nuestra pareja y así descubriremos que somos muchísimo mas amados de lo que pensamos.
Siempre expresa y da amor.

La frustración en el amor


Tenemos expectativas sobre todo. Un mal planteamiento de las expectativas sobre la relación de pareja puede llevar al traste lo que bien pudo ser una relación estable.

De hecho, muchas relaciones se acaban antes de incluso vivir una relación emocionalmente madura, lo que constituiría la posibilidad de gozar de la libertad, realización y madurez emocional.

Saber fijar expectativas ayudará notablemente a tener expectativas realistas, vitales para el desarrollo sano de las personas y que acaben con las relaciones.

La mala administración de las mismas conduce al fracaso de las relaciones, y tiene relación directa con la frustración que se vive en ellas; situación que inevitablemente llevará a culpar al amor como el causante de tantos dolores.

Para lograr una relación sana basada en la felicidad de la pareja, lo primero que hay que hacer es construirse uno a sí mismo de forma madura, estructurada y equilibrada.

Muchos dolores en las relaciones podrían evitarse si dejáramos la impulsividad del sentimentalismo romántico y nos tomáramos un momento para pensar. Cosa que ocurre en quienes dicen estar enamorados cuando lo que están es ilusionados, y se dejan llevar por expectativas nada realistas.

Son en definitiva relaciones destinadas al fracaso desde el comienzo.
Y muchos llegan a buscar pareja asumiendo que así serán valorados, respetados o creen que al tener una relación obtendrán estabilidad, seguridad con lo que vivirán felices para siempre.

Al final, aquella relación que comenzó con tanta ilusión ahora acaba en medio de rabias, odios y rencores.
Para evitar las frustraciones, se deben fijar las expectativas emocionales en expectativas racionales que dejen disfrutar de las relaciones con un amor maduro que resiste al tiempo y a los conflictos.

Esperar mucho de una relación como esperar poco, llevarán a rupturas prematuras de relaciones que terminarán por enturbiar el amor que había al principio.

Idealizar el amor


Platón sostenía que el verdadero amor es el amor a la sabiduría, al conocimiento, por lo tanto el amor platónico no es el amor al ideal de una persona sino el amor a conocerla y por saber de ella.

Se refiere al amor inalcanzable, a aquel que por diversas circunstancias no se puede materializar, en el puede haber un elemento sexual que se da de forma mental y no de forma física.

El amar de una manera platónica por lo general se asocia a:

– Cierta frustración que va unida al mismo tiempo a la esperanza de encontrar a la persona amada en la realidad a través de la fantasía y la imaginación.
– Se manifiesta como una necesidad de tener lo ideal sin que sea real.
– También se manifiesta como una frustración de una realidad no consumada.

Los amores idealizados o platónicos se dan sobre todo en personas que son introvertidas, románticas e intelectuales, que en ocasiones se sienten inseguras ante al amor físico y que sin embargo tienen una gran riqueza interior y un mundo de expresión de sus sentimientos a través de la intelectualidad.

Casi todo el mundo pasa por un periodo en el que crea fantasías y se apoya en ellas durante un tiempo, lo cual hasta cierto punto es saludable. Lo peligroso viene cuando la persona se queda estancada en esos mitos o amores platónicos.

A través de este sentimiento avivado por la imaginación, la persona puede llegar a descubrir qué es lo que realmente desea en el amor para luego poder amar de verdad, ya que en la fantasía se resuelven los pensamientos unidos a la emoción del amor, y por lo tanto es un buen camino para el conocimiento de uno mismo en este sentido.

La importancia de los detalles diarios


En la etapa del noviazgo sobran las palabras de amor, las flores y pequeños detalles están presentes en todo momento. Sin embargo a medida que avanza la relación, esos detalles van quedando atrás hasta llegar a desaparecer la ilusión por completo.

Por eso el “alimento” diario de las relaciones de pareja son esas pequeñas grandes cosas que marcan la diferencia, ya que son la expresión más pura del amor que ambos se profesan.

Principalmente deben fortalecer, los detalles que día a día van manteniendo esa relación, sin que el tiempo o el hecho de que estén casados, desacrediten esa convivencia porque el romanticismo debe estar presente entre las parejas.

Toda relación de pareja debe regarse como se hace con una plantita, llenándola cada día con detalles mínimos que te hagan crecer como persona y hacer sentir a la otra que es muy importante en tu vida; no por el hecho de que ya son novios o estén casados va a faltar un “te quiero”.

El problema es que muchos matrimonios acaban haciendolo todo muy rutinario que se olvidan de esas pequeñas cosas bien porque piensan que como ya están juntos, no tienen que conquistar al otro y se esfuerzan menos o nada, en ese sentido.

Además, la mujer siempre cae ante el galanteo y la caballerosidad del hombre, incluso en la intimidad cuenta mucho este tipo de comunicación amorosa y respetuosa, ya que algunos sólo se limitan a sentir placer en la relación sexual y se olvidan de su sensibilidad emocional.

En conclusión, podemos aconsejar que no por estar casados o vivir en pareja se deben olvidar de los detalles, porque ellos harán de tu vida sentimental un duradero y gran amor.