La desesperanza de la soledad


La soledad deja un sabor amargo en el alma en varios momentos. En primer lugar, se lleva mal estar solo cuando va en contra del deseo personal. Por otro lado, en los malos momentos también es positivo tener a gente cercana con la que poder compartir dicha vivencia y los sentimientos que brotan del dolor. La soledad incide en el mundo emocional del sujeto de una forma clara y a veces, también radical. En tanto que las personas que se sienten solas se sienten tan mal, que tienen que hacer un esfuerzo prácticamente inhumano por ver la realidad en positivo y creer que las cosas pueden cambiar en algún momento.

Por soledad no se entiende el hecho de no tener pareja. La soledad implica eso, no tener relaciones sociales fuertes y sólidas. La realidad es que no se trata de tener veinte amigos, sino de contar con gente que sea incondicional, que esté ahí tanto en lo bueno como en lo malo. Y que sepas que es de tu total confianza en tanto que puedes contar confidencias sin temor de que sean divulgadas.

La desesperanza produce miedo, tristeza, dolor, pena, insatisfacción… Por el contrario, la esperanza causa alegría, ilusión, motivación, felicidad… Anímate a vivir en contacto con los demás y ten la puerta abierta más allá de que hayas tenido decepciones previas. Todo aquel que en algún momento de su vida se ha arriesgado a amar o a ser un buen amigo, ha sentido el dolor de la traición.

No todo es perfecto, ni tampoco todas las personas son buenas. Sin embargo, la mayoría de la gente lo es. Por ello, con la cercanía del final de año es buen momento para ir haciendo balance de este 2011 y así poder mejorar la vida en los próximos meses. Los cambios son siempre necesarios para evolucionar.

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