¿Por qué acaba una historia de amor?


¿Por qué acaba una historia de amor? Existen personas que tienen la idea fija en la mente de que todo tiene un principio y final, es decir, una historia de amor se acaba en algún momento. Otros, por el contrario, sí creen en esa idea del amor para toda la vida, sin embargo, la mayoría asume que ese reto resulta difícil observando las estadísticas de rupturas y de divorcios que hay en nuestro tiempo.

¿Por qué se acaba una historia de amor? En primer lugar, se acaba porque una de las partes decide dar ese paso. En algunos casos, se puede romper de mutuo acuerdo pero esta es una opción bastante ideal. De pronto, una persona puede darse cuenta de que ya no está enamorada y que se siente muy distante y diferente del otro. Así puede suceder por ejemplo en el caso de las parejas que se conocieron muy jóvenes, en la adolescencia, y al llegar a la etapa adulta cada uno ha crecido a un ritmo diferente, tiene sus propias inquietudes y un proyecto de vida que puede resultar incompatible con el del otro.
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¿Quién es el culpable de la ruptura?


Utilizamos mucho, tal vez, demasiado, el término culpable para hablar de quién es el que ha hecho un daño mayor como consecuencia de una rutpura. Sinceramente, es adecuado cambiar la culpabilidad por la responsabilidad. ¿Quién es el responsable, en último término, de un desamor? Por mucho que te gustaría escuchar que en un final sólo existe una persona implicada, la realidad es que una historia de dos implica errores compartidos. Es decir, si quieres hacer un balance en positivo lo mejor es que analices en qué pudiste fallar tú para no volver a caer en los mismos errores en el futuro.

A veces, el final de una historia de amor es inevitable pero sencillamente, nos cuesta mucho entenderlo porque el amor, en su origen, tiene vocación de eternidad. Recuerda cómo te sentías durante los primeros meses o días de enamorarte. Pensabas que esa sería la persona con la que compartirías el resto de tu vida. Pero la realidad es que existen noviazgos que llegan a su fin y también matrimonios. De hecho, los casos de divorcio aumentan de forma alarmante.
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Historias que no van a ninguna parte


Hay historias que duran un periodo de tiempo muy breve, sin embargo, llegan a atormentar durante mucho tiempo la mente de aquel que se niega aceptar la realidad de los acontecimientos tal y como sucedieron. Esto suele ser todavía más habitual en el caso de aquellas historias que no se concretan en un noviazgo, es decir, inicios que en cierto modo se quedan en nada. En este caso, el protagonista se queda recreando el ayer una y mil veces. Pensando en qué es lo que hizo mal. Intentando comprender el significado de cada palabra y de cada gesto que tuvo el otro. Cuando te ves metido en la rueda de esta situación, lo único que puedes hacer es parar la mente.

Lo primero que deberías pensar es que un amor que es de verdad no te hace sentir mal contigo mismo, infeliz, ni desgraciado. Por otra parte, cuando das un excesivo valor a la otra persona sobre tu nivel de bienestar y de felicidad estás perdiendo de vista todo el potencial que tienes dentro de ti mismo. Hay inicios que no se concretan en un noviazgo, sencillamente, porque a veces, puedes cambiar de opinión.
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