Enamorada del profesor de gimnasia

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Los dos días de la semana que sabes que “toca gimnasia”, acudes a clase con una sonrisa espectacular… Y no es precisamente porque adores la tabla de ejercicios que sueles realizar. Tu profesor de gimnasia “está cañón” y te encanta observar cómo explica cada una de las actividades que tú y tus compañeros tenéis que desarrollar.

La asignatura de gimnasia supone un ingrediente de estimulación para muchos alumnos. Se trata una válvula de escape para poner a prueba sus destrezas físicas. Sus efectos son muy beneficiosos ya que potencia la concentración posterior a la hora de estudiar otras materias, lo que repercute en un mayor incremento del rendimiento. Si a todos estos factores añades el aliciente de un docente encantador cuya personalidad rebosa atención personalizada y delicadeza, empieza a surgir la fuente de la atracción.

En cambio, también se da el caso de alumnos que aborrecen la asignatura de gimnasia. Para ellos, tener que saltar en el potro, hacer carreras de resistencia, subir por la cuerda de nudos, realizar abdominales, flexiones y estiramientos, no son tareas gratas. Sin embargo, al haberse establecido la fase de enamoramiento hacia el profesor, se produce una situación de superación y aumentan los esfuerzos por aprobar la materia y claro está “por quedar bien ante la persona que sienten tanta admiración”.

En muchas ocasiones surge una amistad bonita y duradera entre alumnos y profesores. Fuera del entorno de las aulas quedan con el fin de planificar excursiones a la naturaleza, salidas culturales o sencillamente tomar un café. Si eres menor de edad deberás mantener informado a tus padres ya que éstos siempre se preocupan con razón por tu bienestar. En caso de que seas una persona adulta, sé prudente en el momento de entablar una relación con tu profe. Lo recomendable es separar los placeres de las obligaciones y jamás perder la noción de cuál es “tu papel”.

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