Dependencia emocional o separación afectiva


Dependiendo del momento de la vida, del grado de madurez o de la situación personal de cada uno se pueden establecer vínculos afectivos de diversa índole. Algunas personas caen en el error de la dependencia emocional, es decir, de perder de vista su propia individualidad para vivir al compás del otro. Algo que en cierto momento, puede terminar agotando a la otra persona, sencillamente, porque no hay nada que resulte más atractivo que el hecho de que una persona sea consciente de sí misma y de cuáles son sus necesidades más allá de estar en pareja o de no estarlo.

En el otro lado de la balanza, es decir, en oposición a la dependencia emocional, tenemos la separación afectiva, el caso de aquellas personas que son capaces de establecer relaciones positivas, saludables y estables en base a un amor que suma y que nunca resta. La separación afectiva te permite tener confianza en tu pareja y no dejarte llevar por los celos, además, también te permite seguir cumpliendo los verdaderos sueños de tu corazón sin creer que tienes que renunciar a ellos en beneficio del propio amor. Si alguien de verdad te quiere, debe animarte con tus proyectos (y a la inversa).
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Poner fin a una relación


Sabes de sobra que vuestra relación no tiene futuro pero no quieres herir sus sentimientos ya que en el fondo os une un profundo cariño.

Cada día que pasa es peor… Seguís conviviendo y compartiéndolo todo como si de una pareja corriente se tratara pero de sobra sabes que el amor ha muerto. Ahora en tu mente sólo existe un pensamiento: cómo dar ese paso tan necesario y salir airoso de la circunstancia.

No hay que tener miedo a la ruptura sentimental. Se debe tratar el asunto como algo que forma parte de la vida, al igual que un nacimiento o un fallecimiento. Pero será fundamental saber diferenciar si se trata de una crisis o de una separación real.

El paso del tiempo crea una dependencia emocional entre las dos personas que integran una pareja de la que ni siquiera son conscientes, por lo menos hasta el grado en el que llegan a serlo después de la separación. En el caso de una ruptura traumática deben enfrentarse al rechazo, surgen los sentimientos de arrepentimiento y las dudas. Esa corriente emocional persiste por muy desagradable que haya sido la relación.

Los motivos

Tanto en las parejas jóvenes como en las adultas la decisión se toma porque se busca algo más en la relación que no se encuentra. La separación parece lo más indicado a esta situación desdichada. Muchas de estas expectativas no cumplidas se deben a la mala información que sobre el matrimonio existe o se pretende dar, tanto a nivel religioso, como social como de una pretendida autorealización personal. La comparación con la realidad pone de manifiesto tales diferencias.

En definitiva el momento en que una relación deja de aportar a los miembros de la pareja ese conjunto de elementos que la propició (afectividad, emoción, seguridad, disfrute sexual…) se alcanza el punto de inflexión en que se debe producir el cambio.

Meses propicios para el divorcio


Cuando el matrimonio atraviesa momentos de crisis, la falta de comunicación es continua y la “chispa del amor” se apagó repentinamente, se plantea el divorcio como solución.

Entonces surgen las dudas para llevar a cabo la separación ¿Cuál es el momento idóneo para el divorcio? Si atendemos a matices psicológicos el mejor momento es antes de que la pérdida del respeto mutuo se convierta en el “rey del hogar”. Si nos guiamos por épocas temporales también pueden fijarse unos meses propicios con el fin de que tal acción sea lo más conveniente para ambos.

La temporada veraniega (que comprende aproximadamente los meses de junio a septiembre en España) son la elección de muchas parejas fracasadas para dar el paso definitivo de ruptura. Por lo general, se disfruta de vacaciones y por lo tanto se dispone de más tiempo para preparar papeles, realizar la repartición de muebles, objetos, dinero…y sobre todo hacer lo posible para conversar y dejar fuera todo tipo de resentimientos. En caso de tener hijos en común evitar que éstos presencien situaciones delicadas en las que haya sido inevitable “no perder los nervios”. Por consiguiente, si los niños están de vacaciones, habrá que buscarlos actividades de entretenimiento fuera de la casa.

No es aconsejable un divorcio en época navideña. Se pueden confundir los sentimientos y caer en la tentación de una reconciliación que únicamente será pasajera.

Sobrevivir al divorcio implica separar las emociones de la lógica y estar seguro de que puedes pensar con claridad en el pasado, presente y futuro. Amar es entregarse por completo, querer vivir lo bueno y lo malo de la vida con la persona amada pero jamás hay que olvidar que nada es eterno que todo sufre transformaciones y lo que una vez pudo ser puro sentimiento ahora sólo atiende al nombre de Desamor.

Vivir una separación de hecho


La separación de hecho, es el resultado inevitable de que uno de los cónyuges abandone unilateralmente la convivencia matrimonial, pero también puede ser decisión de ambos.
Sea cual sea el motivo, acuerdan que lo más lógico es dejar de estar juntos, incluso si en principio es sólo por un tiempo.

La separación no disuelve el vínculo matrimonial; los cónyuges separados continúan legalmente casados, permitiéndoles poner fin su vida en común, incluso autorizándolos a residir en distintos domicilios e iniciar vidas separadas e independientes.
Y legitima para pedir la separación legal o el divorcio sin que concurra otra causa.

En relación a lo económico matrimonial la separación de hecho puede ser causa de la disolución de la sociedad legal de gananciales o justificar la transferencia a uno de los cónyuges de los bienes comunes.

Prácticamente todas las Comunidades reconocen el derecho de los miembros de la unión de hecho para establecer válidamente los pactos que consideren oportunos para regir sus relaciones personales y económicas durante la convivencia y para liquidarlas tras su cese.

Serán nulos los pactos contrarios a las leyes, así como aquellos que supongan la limitación de la igualdad de derechos que corresponde a cada conviviente o sean gravemente perjudiciales para uno de ellos.

Por medio de una pensión, se compensará al cónyuge que sufra un desequilibrio económico o un empeoramiento respecto a su situación.
Ésta se fijará en la resolución judicial, imponiéndose el pago a quien disfrute de la posición más saneada.

Lo ideal es que la ruptura de la pareja fuera algo temporal; pero en muchos casos, la separación de hecho puede llegar a convertirse en la forma de rehacer la vida de los miembros de la pareja afectada, encontrando de nuevo el equilibrio emocional.