Amar con más madurez


El amor implica un proceso de aprendizaje. Por ejemplo, es normal que cuando una persona eche la vista al pasado y mire hacia su adolescencia, se dé cuenta de que no se relaciona del mismo modo en pareja antes que ahora. Sin duda, los años suman experiencia, conocimiento de uno mismo, habilidades sociales, generosidad y madurez. Esa madurez también se nota en el plano de la amistad, en la familia, en el trabajo y en la relación que cada persona tiene consigo misma. Por suerte, el paso de los años se nota en la piel, sin embargo, este paso también se refleja en el modo de ser, en el carácter y en el ánimo.

Amar de una forma madura implica tener la capacidad de entender y comprender las necesidades y los intereses ajenos. En la adolescencia, es más fácil caer en actitudes infantiles y caprichosas. Sin embargo, la madurez no se adquiere simplemente, porque hayan pasado los meses y los años, sino por la actitud del sujeto ante la propia vida. Cuando alguien tiene la capacidad de reflexionar sobre sus vivencias, puede extraer conclusiones y se esfuerza por ir más allá de lo evidente, en ese caso, se ama de una forma más madura, plena y respondable.
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Tener madurez en las relaciones


Sin duda, la madurez es un bien que no se adquiere, simplemente, por el paso de los años. Esta es una de las razones por las que algunas personas que tienen cuarenta años se siguen comportando como si tuvieran veinte. La madurez va acompañada de la reflexión sobre las propias vivencias y de los valores. Tener un buen grado de madurez es fundamental para disfrutar de relaciones sociales plenas y gratificantes no sólo en el amor sino también, en la amistad. Por ello, es importante tener la capacidad de sacrificio muy desarrollada a la hora de entender que es básico poner en práctica la empatía de poder llegar al corazón ajeno.

Dentro de una relación de pareja, es difícil salir con alguien que no tiene comportamientos propios de su edad. Lo bueno es evolucionar y ser mejor persona con el paso de los años. Por ejemplo, existen actitudes de la adolescencia, que por suerte, ya no se dan del mismo modo, a los cincuenta años.
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