Querer o amar
Para muchos querer es sinónimo es amar, pero si profundizamos en su significado nos daremos cuenta de que el segundo tiene algunos matices de los que carece el primero. Aunque ambos tienen las connotación de desear, en el caso de querer hace referencia a la ambición con la que buscamos o pedimos aluna cosa, mientras que en el caso de amar ese deseo se traduce en pasión.

También los dos verbos llevan implícito el significado de tener cariño pero todos sabemos que queremos a cada miembro de nuestra familia, pero amamos a nuestra pareja. Estos matices son los que nos ayudan a descubrir si estamos realmente enamorados de una persona o si solamente sentimos afecto por ella.

Es cierto que en la mayoría de las ocasiones sabremos diferenciarlo sin darle demasiadas vueltas a la cabeza: todos conocemos ese cosquilleo estomacal, ese tartamudeo incontrolado, las risas nerviosas y otros actos involuntarios que sólo nos ocurren cuando estamos perdidamente enamorados de alguien. Pero hay ciertas personas que en determinados momentos de su vida encuentran complicado establecer la diferencia entre querer y amar.

Una de las situaciones en que el dilema es más evidente es cuando existe una buena relación de amistad entre dos personas. Al principio todos tenemos claro que somos amigos, pero en el momento en que comenzamos a compartir más hobbies, opiniones, cenas o viajes pueden empezar a aparecer las dudas. Y es que, en muchas ocasiones es así como surgen las parejas.

Pero, ¿cómo saber si debemos cruzar la línea que marca el final de una amistad y el comienzo de una relación? La respuesta sólo la saben las personas implicadas, pero si el sentimiento cambia, y ya no sientes lo mismo hacia ese hombre o mujer que hacia tu madre o un hermano, está claro que estás dejando de querer para empezar a amar.

Lo que siempre debemos tener presente es que los sentimientos pueden confundirse y que no siempre es esta la manera de encontrar el amor, por lo que, cuando se trata de un amigo, debemos tener claro lo que ocurre en nuestro interior antes de dar un paso del que nos podamos arrepentir.