Poner fin a una relación
Sabes de sobra que vuestra relación no tiene futuro pero no quieres herir sus sentimientos ya que en el fondo os une un profundo cariño.

Cada día que pasa es peor… Seguís conviviendo y compartiéndolo todo como si de una pareja corriente se tratara pero de sobra sabes que el amor ha muerto. Ahora en tu mente sólo existe un pensamiento: cómo dar ese paso tan necesario y salir airoso de la circunstancia.

No hay que tener miedo a la ruptura sentimental. Se debe tratar el asunto como algo que forma parte de la vida, al igual que un nacimiento o un fallecimiento. Pero será fundamental saber diferenciar si se trata de una crisis o de una separación real.

El paso del tiempo crea una dependencia emocional entre las dos personas que integran una pareja de la que ni siquiera son conscientes, por lo menos hasta el grado en el que llegan a serlo después de la separación. En el caso de una ruptura traumática deben enfrentarse al rechazo, surgen los sentimientos de arrepentimiento y las dudas. Esa corriente emocional persiste por muy desagradable que haya sido la relación.

Los motivos

Tanto en las parejas jóvenes como en las adultas la decisión se toma porque se busca algo más en la relación que no se encuentra. La separación parece lo más indicado a esta situación desdichada. Muchas de estas expectativas no cumplidas se deben a la mala información que sobre el matrimonio existe o se pretende dar, tanto a nivel religioso, como social como de una pretendida autorealización personal. La comparación con la realidad pone de manifiesto tales diferencias.

En definitiva el momento en que una relación deja de aportar a los miembros de la pareja ese conjunto de elementos que la propició (afectividad, emoción, seguridad, disfrute sexual…) se alcanza el punto de inflexión en que se debe producir el cambio.