Establecer una relación con una pareja con hijos


Si tu pareja tiene hijos de una relación anterior, no deben ser un problema para crear vinculos de unión sanos y constructivos. Para empezar, debes aceptar que el pasado de tu pareja puede incluir una experiencia familiar. Para quererlo, tendrás que comprender esa situación y trazar planes de futuro.

Siempre es mejor esperar a tener una relación sólida, antes de conocer a los niños. Una vez estés seguro de tu pareja, será el momento perfecto para conoceros. Si los conoces antes de tiempo, puedes generarles ilusiones, inseguridades o falsas expectativas que luego quizás no se cumplen.

Respeta los roles que tiene cada uno, a pesar de mantener una relación con alguien con hijos, no tienes que asumir el papel de padre o madre. Sus padres tienen un papel en la educación de sus hijos, que no te corresponde ocupar si no te lo piden.

Recuerda dirigirte siempre con respeto hacia los hijos de tu pareja. Ellos te permitirán establecer una relación de confianza y complicidad, eso beneficiará a vuestra relación de pareja. Si los pequeños están bien contigo, eso siempre es un punto a tu favor.

Es mejor evitar demostraciones afectivas demasiado exageradas con tu pareja delante de sus hijos, los niños podrían sentir que les estás robando el afecto de su padre o madre. Deja los momentos de cariño y pasión cuando estéis completamente solos o los niños durmiendo. Es posible que no sean lo suficiente maduros para entender la situación, es lo más normal.

Nunca pierdas la paciencia para adaptarte a la nueva forma de vida que implica tener una pareja con hijos propios. Es posible que al principio, los niños demuestren rechazo o rivalidad, pero esa es la primera etapa de comprensión, poco a poco te sentirán como de tu familia si les demuestras que también les aprecias.

Muy importante evita hablar mal de la relación anterior de tu pareja delante de los niños. Puede que guardes sentimientos negativos hacia él o ella, pero no los expreses en público. Por otro lado, debes fomentar la comunicación con tu pareja. Privilegia la sinceridad y la honestidad, ya que será la mejor forma de disfrutar los momentos compartidos.

Someterse a una prueba de paternidad


La llegada de un hijo, debe ser uno de los momentos más maravillosos para la vida de sus padres. Sin embargo, la situación puede volverse muy difícil de llevar en el caso de que existan dudas sobre la paternidad de ese bebé.

Esto puede ocurrir bien porque el supuesto padre por desconfianza en su pareja o porque tenga sospechas de infidelidad de su pareja, dude acerca de que realmente lo sea, o por el hecho de que la madre esté totalmente convencida de que sí lo es (entre otros casos).
Para ello existen las pruebas de paternidad, que permiten conocer de forma rápida y discreta el código genético de un hijo.

Estos infalibles test certifican que el niño al que se atribuye una paternidad lleva un 50% de los genes de quien cree ser su padre.
Un pelo del niño con raíz o la saliva del padre, serán suficientes para que el solicitante ponga en marcha la prueba de paternidad, algo que sucede en el 98% de los casos sin que se entere la madre.

La mayoría actúan a través de internet e informan de la filiación sin que el interesado se mueva de casa. En estos casos, el solicitante deberá respetar unas imprescindibles normas de esterilidad.

Las instrucciones a seguir se incluyen en las páginas web de las compañías, que envían los envases recolectores al domicilio del interesado, a quien no siempre exigen la identificación.
El precio de una prueba oscila entre 300 y 600 euros si no se pretende que tenga validez jurídica, y 1.000 en caso contrario.

En definitiva, se trata de un método eficaz y seguro para determinar la paternidad de un hijo, acabando así con la angustia que en muchos casos provocan las dudas acerca de ello, en las parejas.

Cuando los hijos impiden encontrar pareja


Enamorarse después de una ruptura amorosa no es nada fácil, pero si además hay niños de por medio, la tarea parece que se complica aún más.
Encontrar una pareja que acepte un hijo de otra relación no es tarea fácil. Es lógico que la otra persona no quiera cargar con esa gran responsabilidad de aceptar un hijo como propio.

Eso, añadido al hecho de querer disfrutar de los inicios del romance a solas, sin interrupciones inesperadas, son las justificaciones que ponen la mayoría de las personas que se encuentran es esa situación, para negarse a salir con alguien que viene con niños “incorporados”.

Y es que, a la hora de la verdad no tenemos la mente tan abierta como presumimos. Generalmente el afán por convertirnos en los únicos protagonistas de la vida de la otra persona, hace que en muchos casos, estas relaciones sean complicadas o no prosperen.

Sorprendentemente, son las mujeres quienes más reticentes se muestran a comenzar una relación así. Es una muestra de la fantasía que implica desear que el otro no tenga pasado, y si la relación se formaliza, el deseo de ser la primera mujer en su vida, de “darle” un hijo en el futuro.

Sin embargo, alrededor del 40% de los hombres no tienen ningún problema en intentar iniciar una nueva vida con alguien que aporte hijos de una relación anterior, algo que no tiene por qué ser negativo.

Una buena clave para que estas relaciones funcionen, es dedicar tiempo diario a la relación amorosa, aparte de la dedicación destinada a los hijos. Que la otra persona sienta que el progenitor/a le dedica atención y cuidados, compatibles con los de sus hijos, sintiéndose así que forma parte de sus vidas.

Superar juntos la pérdida de un hijo


La muerte de un hijo debe ser una de las experiencias más dolorosas que los padres pueden vivir y existen muy pocas posibilidades que logren salir adelante fácilmente.

En el caso entre madre e hijo jamás se cortara el cordón umbilical y la conexión entre ellos es permanente; entonces al irse uno, se siente como si al otro le faltara una parte de sí.

Cada uno vive su propio duelo según su manera de ser. Pero existen algunos parámetros que son importantes compartir para que sirvan de orientación a la hora de sobrevivir con el duelo.

– Es importante exteriorizar los sentimientos y no creer que si no se llora no se sufrirá. Por el contrario, uno se desahoga y se siente que se ha quitado parte de la dramática situación que le ha tocado vivir.
– No hay que cerrarse al dolor, pues tarde o temprano termina por explotar afectando tu cuerpo y mente. Además es esencial mantener los espacios personales, y respetar esa privacidad. Así, si alguno desea estar solo para expresar su dolor, está en su derecho.
– No fijarse plazos. Este proceso psicológico seguirá su propio curso, dependiendo de la persona y del momento que vivía a la hora de sufrir la pérdida.
– Finalmente, acude a todos los recursos necesarios que te ayuden a convivir con tu dolor, como psicoterapias, cursos de aprendizaje, grupos de apoyo, etc.

Y lo más importante es que los padres a quienes les toque vivir éstas dolorosas circunstancias deben saber aprender a vivir sin el hijo.

Cuando ya se ha procesado el dolor se deben encontrar nuevas motivaciones para vivir sin el hijo perdido. Y enfocar sus vidas a nuevos caminos como, acercarse más a los demás hijos o, de no haberlos, recuperar la relación de pareja entre ambos, quizás un poco olvidada o sustituida por el cuidado del hijo al que han perdido.

Queremos adoptar un niño


Puede llegar un momento en la vida de la pareja que por diversas circunstancias deciden adoptar un hijo. Bien porque tienen problemas al concebir los suyos propios o puede que incluso ya tengan alguno biológico o simplemente porque quieren ser solidarios con tantos niños que no tienen padres.

La adopción es otra manera de formar una familia, pero conlleva un arduo camino de trámites y temas burocráticos dependiendo del lugar del que provenga el niño y de las leyes que regulen este tema en su país.

Lo más importante es la decisión y seguridad que los miembros de la pareja deben tener al dar este importante paso. Adoptar y tener un hijo biológico es lo mismo y conlleva la misma responsabilidad, de por vida.

Una vez recorrido este largo camino y cuando ya tenemos al niño en casa, debemos tener en cuenta que el pequeño pasa por un proceso de adaptación, que abarcará las mismas fases. Lo que variará será la duración de las mismas y la facilidad en la adaptación en función de la edad del niño.

Estas fases suelen ser:
– Fase inicial de angustia: suelen ser frecuentes los llantos, el mal dormir y el niño se mostrará irritado y dolorido por el abandono. Para ayudarle a asimilar todo esto, los papás deben brindarle mucho contacto físico que le hagan sentirse seguro y querido en su nuevo hogar.

– Fase de adaptación: de conocimiento mutuo donde el niño irá probando los límites de lo que puede hacer o no, de lo que puede esperar o recibir de sus padres adoptivos. Predominará la ansiedad por ambas partes.

Pero sobretodo hay que destacar que son etapas completamente normales que todo proceso de adopción conlleva. Fases que se irán suavizando con el tiempo con ayuda de vuestro apoyo y amor.

Superar un aborto


No hay nada más bonito en este mundo que ser madre. Por eso cuando nos quedamos embarazadas sentimos una felicidad renovada que nos llena de alegría. Sin embargo, durante los nueve meses que dura el gestamiento pueden suceder muchas cosas, entre las peores encontramos un aborto. Los sueños de algunas mujeres que esperan un bebé se pueden truncar por un aborto inesperado. Los datos cifran en un 10% el caso de abortos espontáneos y del 25% en mujeres mayores de 40 años.

¿Qué le sucede a una mujer después de un aborto? ¿Qué síntomas, sensaciones y emociones experimenta? ¿Cómo puede recuperarse? Después de abortar, la recuperación física de la mujer oscila entre cuatro y seis semanas, eso es debido a que algunas hormonas propias de la gestación permanecen en la sangre durante más tiempo. Se puede decir que una mujer se recupera totalmente cuando la menstruación reaparece.

La mujer que acaba de sufrir un aborto puede una diversidad de síntomas, que pueden ir desde dolor lumbar hasta molestias abdominales, sangrado vaginal, pérdidas de restos de tejido o coágulos. Las complicaciones se pueden dar cuando aparecer la fiebre, secreción vaginal purulenta o con mal olor, hemorragias o aumento del dolor general.

La mujer también sufre un fuerte impacto psicológico. El primero es el síndrome de la culpabilidad por no poder haber dado la vida, se tiende a pensar que no se ha hecho lo correcto, que no ha cuidado lo suficiente su salud, que no será una buena madre. El segundo factor que debemos tener en cuenta tras un aborto es la ansiedad, que aparece por la duda generada a si la mujer se volverá a quedar embarazada, si la pérdida sucederá otra vez, si hay amenazas que desconoce.

Es importante saber que cuanto más avanzado está el embarazo, más dura resulta la pérdida del futuro bebé, debido principalmente al estrecho vínculo que genera con su madre. Del apego al duelo, dependerá de las habilidades que tenga para afrontar la frustración que supone esa perdida tan traumática. Por ese motivo, las mujeres que han sufrido un aborto tienen el doble de riesgo de caer en una fuerte depresión.

En cualquier caso, no debemos olvidar que el aborto no sólo puede ser una experiencia traumática y angustiosa para la madre, sino también puede serlo en gran medida para su pareja. Ambos quedarán marcados por este acontecimiento. Cada pareja debe actuar según sus sentimientos, apoyarse y superar lo sucedido porque la vida sigue.

Tratamientos de fertilidad: la fecundación in vitro


Dependiendo de las causas de la infertilidad, hay diferentes tipos de tratamientos. Si una mujer tiene problemas para ovular existen píldoras o inyecciones de hormonas que ayudan a la ovulación. A veces, la cirugía laparoscópica puede reparar las trompas de Falopio si están dañadas. Esto ayuda a despejar el camino para la fertilización. Los hombres también pueden tomar medicación o someterse a alguna operación para mejorar o aumentar su esperma.

Pero una de las técnicas más utilizadas hoy en día es la fecundación in vitro (FIV). Se suele recurrir a este tratamiento cuando ya se han probado otros que no han funcionado. Cerca de uno de cada 100 bebés nacidos en los EE.UU. el año pasado se han concebido de esta manera. En la FIV, los espermatozoides del hombre se introducen en los óvulos de la mujer en un laboratorio. Los médicos entonces meten el óvulo ya fecundado en la mujer para que puedan desarrollarse.

A menudo, se requiere más que un intento para conseguir con éxito un embarazo. Cuando se realiza la FIV hay que tener presente que se pueden producir embarazos múltiples. Si bien muchos piensan que esto es una bendición, hay que pensar que esto pone a la madre y a los futuros bebés en una situación de riesgo.

La FIV es cara, pero ofrece a muchas parejas la oportunidad de tener un bebé que de otra forma no tendrían. Las parejas que utilizan la FIV tienen una de cada tres posibilidades de tener un bebé después del primer intento si la mujer es menor de 37 años. Después de los 37, la tasa de éxito disminuye considerablemente.

Cuando los hijos se van de casa


Es la primera vez en muchos años que tu pareja y tú volvéis a estar solos. Hay situaciones en las que tu pareja no es es padre o la madre de tus hijos y es la primera vez que vais a vivir solos. Ahora ha llegado el momento en el que debéis afrontar un cambio en vuestras vidas. Cuando los hijos se marchan de casa se produce una extraña mezcla de emociones que los psicólogos y especialistas en la materia llaman “síndrome de nido vacío”.

Hasta ahora, los niños, en menor o mayor grado, habían confiado en vosotros para su estabilidad emocional y física. Ahora ha llegado su momento de lanzarse al mundo como adultos independientes. Para algunos padres, esto puede producir una sensación de pérdida. El papel que desempeñaron durante años como protectores acaba de terminar. Sin embargo, para otras parejas acaba de llegar el momento de la liberación.

Ha llegado el momento de centrarse en sus propias necesidades y deseos, en lugar de tener que pensar en los demás. Muchos padres se sienten “alimentados” por el sinfín de actividades que realizan con sus hijos, por lo que cuando estos se marchan, se sienten vacíos. Pero hay que intentar volver a disfrutar de una vida activa.

Debéis buscar cosas nuevas para hacer. Buscaros nuevos pasatiempos o deportes con los que podáis manteneros en forma. Lo mejor es que mantengáis ejercitados el cuerpo y la mente. También podéis ampliar vuestros horizontes realizando viajes que antes no podíais hacer.