
A nivel popular, llamamos amor a primera vista a ese flechazo intenso que sentimos a nivel inicial cuando conocemos a una persona, en el momento más inesperado y en cualquier lugar. El amor a primera vista, en realidad no es amor, sino atracción física y también, intuición de que tal vez, esa persona que hemos idealizado en nuestra mente, pueda ser especial en la realidad.
Es decir, detrás de una atracción de este tipo puede existir una gran decepción, como puede suceder, cuando conoces un poco más a la persona y descubres que esa magia desaparece por completo. El amor a primera vista puede durar minutos, días, semanas o años. Es decir, muchas parejas afirman haberse conocido a raíz de un flechazo y, a partir de ahí, han compartido su vida.
Los flechazos son muy bonitos y dejan una huella en el alma que dura eternamente, sencillamente, porque el sabor dulce que produce esta forma de amar parece perfecto. Los flechazos son más propios de personas enamoradizas que son receptivas al sentimiento. También se produce la situación contraria, la de aquellos que prefieren alcanzar el amor, a través de la amistad, es decir, prefieren dedicar un tiempo a conocer a la persona de verdad.
El flechazo puede convertirse en amor verdadero también con ayuda de la suerte. Es decir, en caso de que el tiempo confirme que aquella persona que se cruzó en tu camino sea la adecuada. Adecuada para ti, en el sentido de que su carácter es compatible con el tuyo, de que tenéis un modelo de vida similar y soñáis con tener un proyecto de vida en común. Los flechazos son muy habituales en la adolescencia o en los primeros años de la juventud como consecuencia de una mentalidad entusiasta y soñadora. ¿Alguna vez sentiste la magia de un flechazo que transformó tu vida?
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1 comentario
8 julio 2011
El recorrido que realiza el amor a primera vista ó el enamoramiento, es como el de una carretera, porque en algún momento determinado, ese camino que se está recorriendo se encontrará dividido en dos. Uno de ellos es el camino de la desilusión al no aceptar los defectos de la persona, y el otro camino es el del verdadero amor, al aceptarlos. (Siempre y cuando dichos defectos no sobrepasen los límites).