
Cuando nacen los hijos, la pareja se vuelca en ellos. Adapta su existencia al desarrollo de su descendencia, ya la vida íntima se vuelve menos importante y el compartir entre solo dos se torna menos interesante que convivir con los hijos. Durante los siguientes 20 años, la pareja verá que su vida no es de dos, sino de 3 o 4, o del total de hijos que hayan decidido tener. Muchas, se suelen olvidar del disfrute de los primeros tiempos cuando la soledad les imponía la emoción de estar juntos, pero como la vida sigue su paso natural, los hijos crecen y también se van, dejando a la pareja sola.
Cuando llega esta etapa, ya ha pasado suficiente tiempo para que la costumbre de la vida familiar les haya hecho olvidar de la soledad de dos, y quizá se sientan perdidos, pensando que la marcha de los hijos les afecta, porque tienen suficiente tiempo libre pero no saben cómo emplearlo.



























































