
Existen diferentes factores que pueden hacerte perder la ilusión en el amor, y no todas ellas, tienen que ver con el hecho de dejar de estar enamorado. Por ejemplo, cuando una persona no se encuentra bien a nivel emocional, es difícil que sienta ilusión durante mucho tiempo por otra persona. Sencillamente, porque el bienestar no se lo permite. El estrés laboral extremo, termina quemando a nivel anímico, y este desgaste, también se nota en la relación de pareja, en los planes con los amigos… Lo más importante es aprender a separar espacios, es decir, no dejes que las preocupaciones de trabajo contaminen tus momentos de ocio, porque entonces, tu vida en general, pierde brillo, calidad y sensaciones agradables.


Implicarte en una historia es muy positivo pero no al punto de dejarte a ti mismo de lado, es decir, de centrar todo tu mundo, tu universo y tu vida en la otra persona. Conviene encontrar el equilibrio entre dar y recibir, de lo contrario, llega un punto en que puedes desgastarte y sentirte frustrado por no haber hecho todo lo que podías haber hecho en tu vida, en tu presente y en otros ámbitos. Es decir, el peligro de implicarte demasiado en una historia es que puedes dejar de lado otras áreas, como por ejemplo, amigos, familia, tu propia autonomía…


A nivel social, la infidelidad se ha vinculado más con los hombres que con las mujeres. Establecer roles tan generales, no siempre resulta acertado. Ya que la infidelidad femenina es un tema cada vez más recurrente y repetido no sólo en la literatura, sino también, en el cine, y lo que está claro, en la realidad. La infidelidad está vinculada con los valores más profundos de un ser humano, es decir, dependiendo de cuáles sean las bases de fondo de una pareja, dicha infidelidad, puede ser considerada como una tragedia, o simplemente, como un obstáculo que puede ser totalmente superado.


¿La comunicación eficaz potencia el bienestar emocional? La comunicación es muy importante no sólo en el plano de los amigos sino también, en el ámbito de la pareja y de la familia. Una buena comunicación permite que puedas mostrarte tal y como eres. Es decir, la palabra sirve de medio entre dos personas que se aprecian y se quieren. Pero también, en situaciones de dolor y de conflicto, el lenguaje ayuda mucho. Por ejemplo, en medio de una ruptura, puede ayudarte a comprender la situación, el hecho de que la otra persona se esfuerce por contarte qué le sucede y qué es lo que siente. En cambio, si el otro se cierra y te responde con el silencio, está favoreciendo la herida de la indiferencia y de una baja autoestima.


Aquel que nunca ha tenido problemas con su pareja o en su matrimonio es una persona única en el mundo. La razón es muy simple y muy elemental. Todo aquel que se relaciona con alguien a cierto nivel de profundidad, inevitablemente tendrá sus diferencias. Algunos tienen diferencias mucho más marcadas que otros pero eso no significa que no hayamos pasado todos por momentos difíciles que poco a poco se han ido solucionando.
No siempre tenemos la madurez adecuada para resolver conflictos con la pareja. De hecho, siempre cometemos el mismo error de irnos al plano personal y hacer cosas que luego causan heridas y complican aun más la situación. Esas quejas constantes donde le decimos a nuestra pareja o nos dicen: “tú nunca”, “tu siempre”, “te lo dije”, “es tu culpa” entre otras, son las frases que empiezan una ruptura en las relaciones o al menos causan mucho daño.


Las dificultades pueden unir o separar a una pareja. Depende de la actitud que se adopte ante ellas, del grado de implicación de cada una de las partes en la resolución del conflicto, del nivel de madurez y de las ganas de apostar por el amor mutuo. En algunos casos, las dificultades alejan a una pareja de una forma extrema: así sucede ante un caso de divorcio.


La ira surge en un momento de dolor. De hecho, se trata de un sentimiento excelente para recuperar el equilibrio interior y volver a sonreír después del sufrimiento de una ruptura. Pero la ira tiene que canalizarse y encauzarse poco a poco hacia un fin constructivo. Es decir, ese enfado inicial es adecuado porque te ayuda a protegerte. Por esta razón, una de las medidas que se suele adoptar después del adiós es la de marcar distancia con la otra persona.






















































